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Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Nació en
Eisenach, Alemania, el 21 de marzo de 1685, formando parte de una familia
turingia en la que muchos de sus miembros fueron músicos. El patriarca de
esta familia fue Veit Bach, muerto en 1615 y el último de los nietos de
Juan Sebastián, Wilhelm Friederich, maestro de capilla en la corte de
Berlín, murió en 1846. Fueron padres de Juan Sebastián, Juan Ambrosio Bach
y Elizabeth Lämberhirt; se educó en un medio familiar musical
extraordinario, donde todo concurría a estimular sus poderosas facultades;
célebres eran las reuniones de toda la familia Bach, en las que todos los
componentes, eran relevantes músicos ya sea tocando o componiendo. Quedó
huérfano de madre a los nueve años, y un año más tarde moría su padre, por
lo que hubo de ir a vivir con su hermano mayor, Juan Cristóbal, que
desempeñaba el cargo de organista en Ohrdruf, y con quien continuó sus
estudios. Su pasión por la música era manifiesta; se cuenta que, en esta
época, habiéndose rehusado su hermano a prestarle un libro que contenía
piezas de Fröberger, Kerl y Pachelbel, se apoderó de él a escondidas y lo
copió a la luz de la luna durante seis meses; se agrega que cuando ya
había avanzado bastante en esta labor, fue descubierto por su propio
hermano, quien, en un momento de ira, por la desobediencia del niño,
destruyó el manuscrito llenando de desolación el corazón del pequeño Juan.
A los quince años entró en la escuela de S. Miguel, en Lüneburgo, quizás
recomendado por su maestro Elías Herder, y en atención a su dedicación a
la música y asu excepcional voz de soprano en este lugar permaneció ters
años, llegando a desempeñar el cargo de "Prefecto de los niños del Coro",
y teniendo en ocasiones, oportunidad de actuar no solamente como
organista, sino como director del propio coro. A los dieciocho años ocupó
un puesto como violinista en la orquesta del conde Juan Ernesto de Weimar,
donde permaneció algunos meses.
En 1703 pasó como maestro de capilla a Arnstadt, donde tuvo tiempo
suficiente para dedicarse al órgano y a la composición. Estando en este
lugar hizo el viaje a Lübeck para oír al gran organista Buxtehude,
pidiendo, para tal fin, cuatro semanas de permiso, que se convirtieron en
tres meses: por este comportamiento recibió una reprimenda del Consistorio
Condal, (de la que se conserva el acta correspondiente), a la cual
contestó que "estuvo en Lübeck para imponerse allí de diversas cuestiones
relacionadas con su arte... ". En el mismo documento se le llama la
atención por no querer atender el "Coro de Niños", ocupación a la cual se
revelaría toda su vida.
En 1707, se trasladó a Mulhausen, como organista de la iglesia de S. Blas,
tomando posesión el 15 de junio. El 17 de octubre del mismo año contrajo
matrimonio con su prima María Bárbara Bach. En 1708 vuelve a Weimar como
organista y músico de cámara del dque reinante. Su estancia se prolonga
hasta 1717. En esta etapa de su vida el repertorio del órgano y de
diversos instrumentos reciben la magistral aportación de J.S. Bach: entre
las composiciones de este período figuran la "Tocata y fuga en re menor" y
la monumental "Pasacalle en do menor".
Uno de los más importantes acontecimientos ocurridos en esta época fue su
"tournée" artística a Dresde en 171: se hallaba allí el notable organista
Jean Luis Marchand, (1669-1732) quien no solamente exaltaba la
superioridad del arte francés, sino que, además, se proclamaba a sí mismo
como el mejor organista, añadiendo que no había en toda Alemania quien
pudiese comparársele.
Entre los músicos de Dresde había varios que conocían a Bach, (uno de
ellos Jean Baptiste Volumier), quienes le invitaron para competir con
Marchand. Aceptó, y después de oír, secretamente, al organista francés, lo
desafió por escrito para efectuar un concurso, que consistiría en
desarrollar un tema, dado por el oponente en el mismo momento en que se
efectuase el acto. Señalado el jurado, el lugar, (la casa del primer
ministro Flemming) y la fecha (desafortunadamente perdida), Bach se
presentó puntualmente a la hora convenida, pero esperó puntualmente a su
rival: Marchand se ausentó de la ciudad en la mañana de ese mismo día, por
la posta ligera, dando así, implícitamente, la victoria al maestro alemán,
quien recibió de los asistentes no solamente felicitaciones, sino
innumerables consideraciones que llevaron su fama por distintos países.
Pero el príncipe de Weimar, Wilhelm Ernest, permaneció indiferente al
triunfo de su músico: veamos como lo recompensó.
En 1714 había sido designado Bach violín concertista de la orquesta, y con
este carácter substituía al director titular, Samuel Drese: esta
circunstancia le hizo concebir esperanzas, cuando murió este maestro, de
que sería nombrado para sucederle en el puesto; y al no haber sucedido así
manifestó su disgusto en forma tan ostensible y destemplada, que fue a dar
a la cárcel, arrestado por cuatro semanas. Al ser puesto en libertad
presentó su dimisión. En 1717 fue a Cöthen, donde entró al servicio del
príncipe Anhalt, quien le confió la dirección de su orquesta. Se inauguró
para Juan Sebastián una de las etapas más felices de su vida, gozando de
grandes consideraciones y estimación: aquí escribió la primera parte del
"Clavecín bien temperado", los "Conciertos de Brandeburgo", música de
cámara y obras que tituló "Sonatas", para violín, flauta, viola de gamba,
etc., que llegan al límite de las posibilidades técnicas de los
instrumentos.
En 1720, mientras acompañaba al príncipe en Carlsbad, murió su esposa, que
fue enterrada el 7 de julio. Bach recibió con dolorosa entereza la noticia
de la muerte de su mujer, que era "apacible, tranquila y dulce, adornada
por dotes musicales suficientes para comprender la obra de su esposo, y
ofrecerle, de puertas adentro, un hogar honrado y virtuoso". Sin embargo,
al año siguiente contrajo nuevas nupcias con Ana Magdalena Wülken,
efectuándose la ceremonia en el hogar del maestro el 3 de diciembre de
1721. La forma en que se conocieron se encerró dentro de las siguientes
circunstancias: Bach había ido a Hamburgo a escuchar, una vez más, al
organista Reinken, quien después de oírlo improvisar le dijo: "Creía que
este arte había muerto ya, pero veo que sigue viviendo en vos".
Durante su estancia en esta ciudad conoció a Ana Magdalena: ella misma lo
relata en su "Pequeña Crónica", que ha sido calificada como "un canto de
amor al hogar". Dice así:
"En el invierno de 1720 acompañe a mi padre a Hamburgo... Al día siguiente
de mi llegada, mi tía me llevó de compras por la ciudad y, a la vuelta, al
pasar frente al templo, se me ocurrió la idea de conocerlo. Empujé la
puerta y tales sonidos maravillosos escuché difundirse por el aire, que me
parecieron arrancados por algún arcángel. Deslíceme en silencio hasta el
interior y me quedé inmóvil. Miraba hacia el órgano situado sobre la
galería del oeste; subían hacia la bóveda los enormes tubos, pero no podía
ver al organista. No sé cuánto tiempo permanecí de ese modo en la iglesia
vacía, toda oídos, cual si hubiera echado raíces en las baldosas. En la
embriaguez de aquella música perdí por completo la sensación de las horas.
Cuando, tras haber estremecido el espacio con una serie de radiantes
acordes, la melodía cesó, súbitamente, yo permanecía aún de pie,
estupefacta, como si los truenos que brotaban de las galerías mágicas
debieran seguir vibrando todavía. Entonces el organista, Sebastián en
persona, apareció en la tribuna y se acercó a la baranda; yo tenía aún los
ojos alzados cuando él me vio. Le miré un instante, demasiado asustada por
su repentina aparición, para hacer un movimiento. Tras un concierto
semejante, más que a un hombre, esperaba contemplar a S. Jorge mismo. Me
eché a templar, cogí mi capa, caída al suelo y presa del incontenible
pánico, me precipité fuera de la iglesia..." "La figura de Juan Sebastián
Bach era extraordinaria: aún cuando no era demasiado alto, sigue diciendo
Ana Magdalena, daba la impresión de ser muy grande, grueso, ancho y fuerte
como una roca. Rodeado de otros hombres, parecía, físicamente, más
considerable, aún cuando solamente su corazón y su espíritu fueran más
grandes y poderosos que los demás. Era grave y calmado, pero estando cerca
de él, se sentía que sobrepasaba a todos en calidad espiritual y humana"
En 1723, Bach parte para Leipzig a tomar posesión del puesto que ocuparía
hasta su muerte: "Cantor de la iglesia de Santo Tomás y director de la
música de la Universidad". Cumpliendo rigurosamente con los deberes que
tenía encomendados, encontró la manera de hacer algunos viajes, entre
ellos el que emprendió a la corte de Federico el Grande, llegando a
Potsdam el 7 de mayo de 1747, acompañado de su hijo Emmanuel. Se cuenta
que cuando el monarca fue enterrado de que había llegado, voliéndose a los
músicos de su orquesta, dijo con cierto tono de impaciencia: "Señores: el
viejo Bach acaba de llegar". Y dio las órdenes para que el gran maestro se
presentara inmediatamente en palacio. Al llegar dijo: "señores: ponéos de
pie, que el gran Bach está entre nosotros". En los últimos años de su
vida, Bach padeció una enfermedad de los ojos que empeoró hasta dejarlo
completamente ciego. Su muerte ocurrió el martes 29 de julio de 1750, alas
ocho y cuarto de la noche.
Los detalles nos son revelados por la propia Ana Magdalena. Dice: "Había
puesto música, en su lecho de muerte, al coral "Estoy ante tu trono",
(dictado a su hijo político Cristián), y cuando terminó dijo: -"Será la
última música que componga en este mundo... ...Miré el rosto de Sebastián,
apoyado en la almohada, luego el manuscrito de su último canto... Por fin
me llamó: -"¡Magdalena querida, ven, acércate...!" Sobrecogida por el
extraño templor de su voz me volví... Había abierto los ojos. Me miraba,
me veía. Sus ojos apretados por los sufrimientos se abrían con un brillo
doloroso. La recuperación de la vista, pocos instantes antes de la muerte,
fue el último don de dios a mi marido. Vio una vez más el sol, a sus
hijos, a mi misma, vio a su nieto que Isabel le presentaba y que llevaría
su nombre.
Le mostré una bella rosa roja y su mirada se clavó en ella.
- "Hay cosas mejores allá, Magdalena, colores más hermosos, músicas que ni
tú ni yo hemos oído jamás..." Pronto vimos que el fin se aproximaba.
-"Quiero oír un poco de música", -dijo... Dios me insipiró y escogí un
coral "Todos los hombres deben morir"... Los demás se unieron hasta
completar las cuatro partes. Mientras cantábamos, una gran paz descendía
sobre el rostro de Sebastián, libre ya de las miserias del mundo!.
Juan Sebastián Bach confirma la frase que dice: "El verdadero hombre jamás
deja de aspirar a metas superiores y de desarrollarse mientras viva". Fue
un ejemplo de aspiración sublime, cumpliendo estrictamente con las
obligaciones que contraía; cuando faltaba a sus compromisos era para
elevarse sobre la opinion corriente y dar oídos a su impulso de genio.
Dotado de un sano juicio amó a sus esposas con verdader fidelidad, enraizó
en su hogar como un gran patriarca: de sus dos mujeres tuvo veinte hijos,
de los cuales solamente diez, seis hombres y cuatro mujeres, le
sobrevivieron. Amó la libertad y la integridad personal. Kitell dijo de
él: "Era un hombre de gran bondad". Como maestro fue ejemplar: observando
a sus alumnos componía para ellos lo que les hacía falta.
Detestaba, en cambio, a los flojos, incumplidos, léperos y tramposos; más
de una vez, al perder el juicio con ellos, se quitó la peluca que su cargo
le obligaba a usar, para "Batir con ella a esos pillos". Como músico no
tiene compañero: "Es el más grande que ha producido la humanidad". En
todos los géneros que cultivó dejó modelos que permanecen insuperados
hasta ahora. En todos los necargos y puestos que desempeño encontró un
motivo para componer obras geniales; podía aplicársele el atributo de
Midas: "Convertía en oro cuanto tocaba".
Doscientos doce años despues de su muerte todos reconocen que no hay arte
superior al suyo, proclamado por su elevación, por su fecundidad, por su
perfección absoluta, por su inmensidad aérea; se le proclama como el mayor
de los artistas de todos los tiempos. Su obra comprende más de cincuenta
volúmenes. La palabra Bach, en alemán, significa arroyo.
Pero se ha dicho de Juan Sebastián: "No era un arroyo, es el océano
completo de la música". Por eso todos los músicos le han rendido tributo
de admiración y van a su música como se acude al manantial más inagotable
de la más prístina pureza y de la más saludable aspiración. Phillip Spitta
dijo de él: "Ya jamás podrán caer de nuevo en el olvido ni el nombre ni la
obra de Juan Sebastián Bach, dondequiera que viva el espíritu de la
música". |