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Frederic
Chopin (1810 - 1849)
Ocupa un lugar especial en la
Historia de la Música: tiene rasgos que lo señalan como una personalidad
singular; revela una sensibilidad delicada, refinada, suave, que se
explaya en ocasiones en arrebatados arranques de exaltación que
impresionan por su manifiesta sinceridad, por su patetismo conmovedor que
quiere llegar al alma ajena como un grito angustioso. En toda la música de
Chopin se desliza una melancolía inocultable que es como el clima adecuado
para su desarrollo: afín en los momentos más vigorosos, en las páginas más
veloces hay ese tinte gris que se filtra como el humo, que deja traslucir
ensueños que se adivinan pero que no se precisan. Fue la existencia de su
autor una vida atormentada por aspiraciones elevadas que no pudieron
realizarse; por sufrimientos físicos que no tuvieron curación; por
sentimientos patrióticos que fueron atropellados con crueldad; y en todo
esto hay un recóndito deseo de paz que se espera hallar en el descanso de
la muerte. ¡Chopin tuvo un alma noble, fue un sincero patriota, un soñador
romántico en un cuerpo de salud minada! Para él era más atractiva la
ilusión que se viste con las galas del idealismo, que la realidad que
transcurre con la indiferencia y !a frialdad de la lógica. Así se muestra
en su música; música que debe ser ejecutada en su punto justo: cuando se
exageran los matices se ensombrece; cuando la dicción se altera se deforma
su intención; para gozarla conviene el término exacto, el momento oportuno
y afín el estado de ánimo propicio.
Histórica y técnicamente la música de Chopin marca el punto de partida de
un camino nuevo: es la obra de un pianista-compositor que da a su
instrumento el fruto de su inspiración. De esto se deduce que esta música
se adaptará a la técnica y a las modalidades del piano: tendrá la libertad
del solista, hará surgir, como al correr de los dedos, armonías que pasan
como percusiones que se pueden apagar prontamente, o prolongarse dentro de
una resonancia más o menos velada; tendrá notas o melodías sobresalientes
basadas en el acento de los dedos y en la subordinación de las partes; se
matizará con la combinación de los pedales y la finura del "touchée".
Eminentemente pianística abordará dificultades que nunca serán ilógicas
porque han sido el resultado de la comprobación práctica. Al mismo tiempo
será absolutamente personal: la imitación siempre será inferior al fruto
madurado espontáneamente.
Zelazowa Wola tiene "un grupo de árboles que rodean al "dwor" o habitación
señorial; las granjas, establos y caballerizas forman un amplio patio
cuadrado en cuyo centro se halla el pozo donde las jóvenes con turbantes
rojos van a llenar sus baldes.., a algunos pasos del castillo hay una
casita con techo de tejas, Cercada por una pequeña gradería de madera. Un
obscuro vestíbulo la cruza. A la izquierda, una habitación; a la derecha
se hallan tres piezas tan bajas que con los dedos se puede tocar el techo.
Ahí nació Frederick Chopin el 22 de febrero de 1810 (Conde Wodzinski: "Los
tres romances de F. Chopin").
Pronto mostró sensibilidad para la música: se emocionaba hasta derramar
lágrimas al escucharla. A los cinco años su madre y su hermana Luisa le
dan las primeras lecciones; pero cuando sin guía ninguno se aventura por
el mundo de los sonidos y comienza a componer, sus padres deciden
proporcionarle un profesor de música: éste fue Adalberto Zwyny. A los ocho
años se presenta en un concierto de beneficencia (24 de febrero de 1818).
Compone algunas piezas: tres polonesas y una marcha militar que el gran
duque Constantino hizo instrumentar para banda. A los trece años toma
clases con Elsner, director del Conservatorio de Varsovia, y después entra
al Liceo.
En 1829, un informe de Elsner decía: "lecciones de composición musical:
Chopin Frederick (alumno de tercer año) extrañas capacidades, genio
musical".
Tenía Chopin, de joven, un carácter amable, alegre y aristocrático,
envuelto en una manifiesta timidez que le impedía conducirse como era;
gustaba de la música popular, al grado que él mismo relata, en una de sus
cartas, cómo fue capaz de pagar a una cantante del pueblo para que le
hiciera oir una pieza que le agradó: ésta afición suya quedaría muy
marcada en su producción musical, en la cual trasciende con rasgos no
precisos, sino sentimentales, como en sus mazurkas, polonesas, baladas,
etc.
En 1825, con motivo de la visita a Varsovia del Czar Alejandro I, tocó
ante éste, recibiendo en cambio una sortija de diamantes a la cual tuvo
mucho aprecio. En este mismo año fue designado organista del Liceo y de la
Iglesia de la Visitación.
En 1826, después de haber recibido su diploma de bachiller, va a pasar
junto con su madre y su hermana Emilia, (Murió de tuberculosis el 10 de
abril de 1827) que como él estaba delicada de salud, una temporada a. los
barios de Reinertz (Durnzniki) y da dos conciertos de caridad. A su
regreso se inscribió en el Conservatorio y, al año siguiente, (1827), se
presentó ya como pianista en Varsovia: así inició su carrera de virtuoso
que le dio tanto renombre, aunque él no gustase, por temperamento, de los
públicos numerosos. En 1828 visitó Berlín: una carta dirigida a sus padres
nos pone al tanto de algunas de sus actividades en aquella ciudad, dice:
"He escuchado primero, en la Academia de Canto, un oratorio; en la Opera,
'Hernán Cortés" ( de Spontini), "II matrimonio secreto" (de Cimarosa) y
"el Buhonero" (de Onslow). He oído esas óperas con gran placer. Pero debo
confesar que he sido cautivado por "La fiesta de Santa Cecilia" de Händel:
es lo que más se acerca al ideal de la música elevada, tal como yo lo
llevo en el fondo de mi alma". Al día siguiente deben representar "Freischütz",
"es la realización de uno de mis más caros deseos".
En mayo de 1829, con motivo de la visita del Czar Nicolás I, que iba para
ser coronado rey de Polonia, se hicieron grandes festejos. Paganini dio
diez conciertos y Chopin quedó maravillado ante su imponderable ejecución:
le pagó su tributo componiendo el "Souvenir de Paganini" y el estudio
número 1, para piano. El mismo año va a Viena y da dos conciertos que
fueron memorables: durante su estancia en esta ciudad fue altamente
apreciado y gozó de especial estimación. Regresó a Varsovia, visitando
antes Praga, Dresde y Breslau. Sintió una amorosa pasión por la cantante
Constanza Gladkowska, que había sido su compañera en el Conservatorio.
Tarda en declararle sus sentimientos, y él se juzga enamorado de ella;
pero cuando menos en su pensamiento la tiene presente cuando escribe el
"Adagio" de su concierto en fa: le escribió a Tito Woyciechowski: (el 3 de
octubre): "para mi desgracia quizás, he encontrado mi ideal, que venero
fiel y lealmente. Hace ya seis meses de esto, y a aquella con quien sueño
cada noche, no le he dicho una palabra. Pensando en esa bella criatura he
compuesto el "Adagio" de mi nuevo "Concerto", así como el vals (op. 71,
Número 2 en re mayor) que he escrito esta mañana". Aunque esto no le
impide sentir, en cuanto está lejos, el influjo y la atracción de otras
mujeres y de sus discípulas, al grado de emocionarse cuando tiene que
tocarles las manos para corregirles defectos, en razón de su magisterio,
como lo relata en otra carta: cosas que se pueden atribuir o bien a su
extremada sensibilidad o a su exagerada timidez.
El concierto en fa es tocado por primera vez, por Chopin, el 17 de marzo
de 1830, aunque él declara "que no produjo la impresión que esperaba".
Después de esto se dedica a terminar su "Concierto en mi menoF' que, sin
embargo, figura como número I (uno). Aun cuando sigue a. mando a
Constanza, todavía el 18 de septiembre no se anima a declarárselo; dice en
una de sus cartas: "De estar enamorado, llegaré a disimular durante
algunos años máz un ardor imposible de declarar hoy, desgraciadamente".
El Concierto en mi menor fue estrenado el 11 de octubre . Su impresión es
ésta: "Mi concierto de ayer salió bien. Me apresuro a darte la noticia y
le comunico, señor, que no me sentí intimidado, toqué como si hubiera
estado completamente solo".
Los sucesos políticos lo obligaron a salir de su patria, (a la que ya
nunca regresaría), el 2 de noviembre: aquí tiene lugar el hecho, no
suficientemente comprobado, de que, a su partida, le dieron sus amigos una
copa con tierra de su país. En cuanto a su amor con Constanza es una
interrogación si al fin se le declaró, aun cuando hubo un cambio de
anillos entre ellos.
Comenzaba para Chopin una nueva etapa de su vida. En Breslau toma parte,
ocasionalmente, en un concierto efectuado el 8 de noviembre. Llega a Viena
el día 24, pero aun cuando se le recibe con amabilidad, no causa la
sensación que en su primera visita. Se pueden seguir en sus cartas los
incidentes de su estancia: "Strauss y Laner ejecuran los valses durante la
cena.., para que baile la gente". "Haslinger cree que si aparenta tratar
mis obras a la ligera yo lo tomaré en serio y se las daré gratis. Pero eso
del trabajo gratuito se acabó: ahora, ¡paga animal! .... Vivo en un cuarto
piso de la calle más hermosa; pero tendría que colgarme mucho de la
ventana para ver lo que sucede abajo". "Vuelvo a casa hacia las diez o las
once, a veces a medianoche..." "En realidad me siento mal, pero no se lo
escribo a mis padres; todo el mundo me pregunta qué tengo. No estoy de
humor para nada". "Cicinara dijo que no hay en Viena quien acompañe como
yo. Yo pensé: lo sé perfectamente". Da dos conciertos en esta ciudad:
cuatro de abril y once de junio de 1831. Después obtiene su pasaporte con
"destino a Londres, pasando por París" y deja Viena. En Stuttgart recibe
la noticia de que la insurrección polaca ha sido derrotada, ahogando sus
ansias de libertad en una ola de sangre y de crueldades: se siente
hondamente conmovido y se asegura que ahí nació su estudio número 12 para
piano, (llamado "Revolucionario"), en do menor, que traduce su inquietud,
y parece pintar en su melodía un impulso heroico y doliente al mismo
tiempo.
Llega a París en 1831, obteniendo permiso para radicar allí. El príncipe
Radzwill lo toma bajo su protección, lo presenta en los salones
aristocráticos, y en esta forma Chopin se convierte en el maestro de las
damas de la alta sociedad. Cultiva amistad con músicos famosos: Lizst,
Rossini, Päer, Cherubini, Berlioz, etc., y tiene un especial afecto por
Bellini. También conoce a los literatos más renombrados. Se admira del
movimiento musical de París y también de su forma de vida: "En ese paraíso
uno desaparece y eso es muy cómodo: nadie se entera de la vida que uno
lleva". Quizás este ambiente le ayudó a recibir la noticia del casamiento
de Constanza, que en una carta comenta, ocupándose a continuación de
relatar dos de sus aventuras femeninas. En tanto, su importancia como
compositor sigue acrecentándose: se venden sus obras produciéndole buenas
ganancias; recibe elogios de músicos como Schumann, que alaba la
originalidad de su estilo. En cuanto a fechas de sus conciertos
anotaremos: se presentó ante el público parisiense tocando en la sala
Pleyel el 22 de febrero de 1832 y el 20 de mayo del mismo año en el
Conservatorio; el 3 de abril y el 15 de diciembre de 1833; el 4 de abril
de 1835 tocó en un concierto a beneficio de los emigrados polacos. En
medio de diferentes opiniones se le reconoce como uno de los más grandes
pianistas, con una personalidad propia y sobresaliente.
En este año de 1835 volvió a ver a sus padres en Karlsbad y esto le
produjo una gran alegría. Dice así en una carta: "Nuestra alegría es
indescriptible. Nos abrazamos y nos volvemos a abrazar: ¡Qué bueno es Dios
con nosotros!... Nos paseamos dando el brazo a la señora madrecita.
Bebemos, comemos juntos, nos mimamos, nos regañamos. Estoy en el colmo de
la felicidad". De regreso a París pasa por Dresde, donde se encuentra con
la familia Wodzinski, enamorándose de María, que había sido su amiga y
discípula en su infancia: ella es descrita como muy atractiva y culta, y
sus encantos llamaron la atención, en una época, al que después fue
conocido como Napoleón III, emperador de Francia. Al año siguiente (1836)
sus relaciones se formalizan, pide su mano y obtiene el consentimiento de
la madre de ella, pero en cambio su padre se opone.
En París, a causa del estado de ánimo que su pasión le produjo, Chopin
llevaba una vida retraída, presentándose poco en sociedad y aún con sus
amigos: una enfermedad (posiblemente resfriado agudo) que sufrió y que
coincidió con esa forma de conducta, hizo correr la versión de que había
muerto. El padre de María vio en esto un motivo más de temor para el
casamiento de su hija, por lo cual continuó oponiéndose a sus relaciones.
Fue en esta época que Lizst presentó a Chopin con la escritora Lucila
Aurora Dupin, (Madame Dudevant), conocida bajo el pseudónimo de "George
Sand"; la impresión que
ésta le produjo es descrita así por Chopin: "He conocido a una gran
celebridad, pero su cara no me es simpática, no me ha gustado nada.
Incluso hay en ella algo que me repele". Por su parte, la condesa de
Agoult se encargará de hablar con "George Sand" acerca de él, recalcando
la gracia infinita con la que Chopin tose: "Chopin es el hombre más
irresistible: lo único permanente que hay en él es la tos".
Cuando la ruptura con María Wodzinski era evidente, Chopin resolvió irse a
Londres: allí lleva una vida de aislamiento. Su compatriota Kozman dice:
"No conoce a nadie y no quiere conocer a nadie, excepto a mi". Hiller
escribe: "... Una noche tocó soberbiamente en casa de Brodwood y luego
desapareció otra vez, a lo que parece está muy enfermo".
Pero su producción musical ha aumentado considerablemente: estudios,
mazurkas, valses, el Impromtu en la bemol, el Scherzo en si bemol menor,
la Marcha fúnebre, etc., están ya creadas.
Cuando Chopin regresa a París sufre el asedio de George Sand y al fin se
enamoran: una nueva vida se inicia.
Para evitar un escándalo emprenden, con los hijos de George (Solange y
Mauricio), un viaje a Palma de Mallorea: se sienten subyugados por el
encanto de este lugar y alquilan una casa: "Son Vent" (la casa del
viento), así como una celda en la famosa Cartuja de Valldemosa; pero con
la llegada del invierno la enfermedad de Chopin se agrava y llega hasta
temerse por su vida. Emprenden un penoso regreso a Francia, pasando por
Barcelona: al fin se instalan en Marsella, donde Chopin se mejora
notablemente. Luego van a Génova y a otras partes hasta que regresan a
París: aquí se instalan en departamentos separados, pero los veranos los
pasan en Nohant, la finca de George. Esta época de su vida se distingue
por la fecunda producción de los dos. Chopin termina su "Sonata en si
bemol menor", "Los preludios", "Los tres estudios para piano", etc. Al
parecer su vida fue feliz y, como se ha dicho: "George se entregaba a su
pasión con un fuerte instinto maternal, y Chopin se dejaba mimar como un
hijo que agradece las delicadezas de su amada".
Hacia 1847 la enfermedad de Chopin empeora y ese tilo sobreviene la
ruptura definitiva con George Sand.
Esto presentó un gran quebranto para él. Para distraerse hace un viaje a
Inglaterra: en Londres dio varios conciertos que entusiasmaron al
auditorio y le hicieron reverdecer su popularidad. Estuvo después en
Manchester y en Escocia. Mas a su regreso a Londres, su estado de salud
era deplorable: los médicos le aconsejaron que se alejara de aquel clima
que lo estaba matando.
En enero de 1849 regresó a París: reanuda sus lecciones de piano pero
tiene que interrumpirlas. En difícil situación económica recibe
anónimamente (de parte de Jane Stirling) 25,000 francos para atender sus
gastos, cantidad que sólo acepta en una parte. Sintiéndose gravemente
enfermo avisa a su hermana Luisa, y ésta viene con su marido, desde
Polonia, para atenderlo de la tremenda tuberculosis que lo llevaba a su
fin: muchos de sus amigos le prodigaban cuidados y atenciones, entre ellos
la princesa Czartoriska, que lo atienderon solicitud excepcional. En el
verano va a residir a Chaitlot buscando alivio, pero en el otoño regresa a
París ocupando un departamento en el número 12 de la Place Vendome: allí
murió el 17 de octubre de 1849, después de recibir todos los auxilios de
la religión católica. Sus funerales se efectuaron el 30 de ese mismo mes
en la Iglesia de la Magdalena, ejecutándose, según su deseo, el "Requiem"
de Mozart. Fue inhumado en el cementerio del "Pére Lachaise" y en su tumba
fue arrojado un puñado de tierra de Polonia, a la que tanto amó.
Chopin escribió más de doscientas composiciones que, con su peculiar
estilo, han gozado de popularidad y renombre. Su delicada inspiración ha
sido deformada en muchas ocasiones con una interpretación "amanerada y
torpe" que rebaja su esencia. Por eso volvemos a repetir: "a ellas
conviene el término justo y la dicción exacta" |